Las Piedras de Jesús de la Merced

Hermoso resplandor tornasol que lució Jesús de la Merced este Martes Santo 2017 en la procesión de la Reseña

 

“Una piedra simplemente es una roca, una pieza pequeña de la gran roca que llamamos Tierra. Estas pueden ser molestia para los jardineros, y tiene que ser quitadas a fin de sembrar la semilla. Para los que construyen autopistas, las piedras grandes son un impedimento que tiene que ser quitadas para poder hacer una carretera liza y fácil de viajar. Sin embargo, mientras que las rocas a veces presentan en nuestras vidas dificultades similares, también sirven muchos propósitos importantes y útiles. Las casas hechas de piedra son mucho más duraderas que las que son de madera. Las piedras hacen buenas fortalezas y paredes de defensa para las ciudades. Cierto pastorcillo también nos diría que una piedra liza puede ser útil en una honda para derrotar a Goliat. Las rocas y las piedras han producido muchas expresiones idiomáticas significativas, tales como: Sólida como una roca; Piedra movediza, nunca moho la cobija; Entre la espada y la pared; Matar dos pájaros de un tiro (o una piedra); A solo un tiro de piedra; No dejaremos roca sin voltear; El que vive en casas de cristal no deberá tirar piedras.

La Palabra de Dios tiene mucho que decir también de las piedras. He aquí unas declaraciones bien conocidas: “Y levantóse Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y alzóla por título, y derramó aceite encima de ella” (Gn. 28:18). Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y díjoles: El que de vosotros esté sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero” (Jn. 8:7). “Entonces él será por santuario; mas á las dos casas de Israel por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalem” (Is. 8:14). “…La piedra que desecharon los que edificaban, Esta es puesta por cabeza de esquina” (Mr. 12:10).

Casi todos los miembros de la Iglesia de Dios conocen la declaración de Jesús que el hombre sabio edificó su casa sobre la roca, y conocen aun mejor Su declaración, “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt. 16:18).

Otra declaración famosa de nuestro Salvador es aquella sobre la cual descansa el titulo de este mensaje, “Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán” (Lc. 19:40). La ocasión de la declaración de Jesús fue Su “entrada triunfante” a Jerusalén pocos días antes de Su crucifixión. La gente estaba reunida, alabándolo mientras Él entraba a la cuidad. Los fariseos, que aborrecían y despreciaban esta demostración de adoración, urgieron a Jesús para que reprendiera a Sus discípulos y mandase que cesen de alabar. En vez de callar a la multitud Jesús les dijo a los fariseos que si la gente dejara de alabarlo, las piedras inmediatamente clamarían.

Mientras que algunos suponen que la declaración de Jesús concerniente a las piedras clamar solamente era proverbial, parece que Jesús en verdad estaba declarando que estas alabanzas al Hijo de Dios tienen que brindarse y que si la gente calla, las mismas piedras literalmente clamarán. Aunque tal acontecimiento parece imposible para nosotros, debemos recordar que en una ocasión una serpiente le habló a Eva en el Jardín del Edén, y un asno le habló al falso profeta Balaam. Estos no son acontecimientos normales pero Dios puede usar cualquier instrumento que Él escoja para cumplir Sus propósitos. Si Él quiere que una piedra hable, ¡nada impedirá que esto ocurra!

Incluso si Dios escoge no darle una voz literal a las piedras, todavía pueden ser usadas para hablar o “clamar” un mensaje al mundo. De hecho, en el mismo momento que Jesús murió sobre la cruz se nos informa que “…la tierra tembló, y las piedras se hendieron” (Mt. 27:51). Mientras los hombres maldecían, ultrajaban y hablaban mal en contra de nuestro Salvador cuando estaba muriendo sobre la cruz, la tierra misma gemía bajo el terrible peso del Hijo de Dios sufrir en Gólgota. La tierra tembló y las piedras se hendieron, inmediatamente haciendo su declaración que verdaderamente este era el Hijo de Dios que moría por los pecados del mundo.

Sin duda alguna, Dios ha escogido usar piedras para trasmitir Su mensaje al mundo. La Biblia nos habla de Jacob, que usó una piedra para hacer un pilar y sirviese como un recordatorio de su sueño respecto a “la casa de Dios y…puerta del cielo”. Moisés erigió piedras de memoria al cruzar el Mar Bermejo, y Josué estableció piedras al cruzar el Rio Jordán para que cuando los hijos preguntaran, “¿Qué os significan estas piedras?” pudieran testificarles de las obras milagrosas de Dios en el pasado, de esta manera animando a sus hijos a tener fe en Dios. Dios también ha endosado la inscripción de Su mensaje divino en piedras. La primera vez que se registra esto Dios Mismo escribió. ¡Los Diez Mandamientos fueron inscritos en tablas de piedras por el dedo de Dios! Después, Él le dijo a Moisés que cuando Israel entrara a la tierra prometida ellos debían poner “las bendiciones sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el monte Ebal” (Dt. 11:29). Moisés le trasmitió estas instrucciones al pueblo diciendo: “Y será que, el día que pasareis el Jordán á la tierra que Jehová tu Dios te da, te has de levantar piedras grandes, las cuales revocarás con cal: Y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hubieres pasado para entrar en la tierra que Jehová tu Dios te da, tierra que fluye leche y miel, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho” (Dt. 27:2, 3). Más tarde, encontramos que Josué fue fiel para cumplir este mandamiento (cf. Josué 8:32-35).

Bajo inspiración de Dios el profeta Habacuc escribió, “Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará” (Hab. 2:2, 3). Dios ha obrado milagros abriendo puertas para La Iglesia de Dios en estos días postreros para escribir la visión en tablas de piedra para que el mundo lo lea. Al momento de escribir este mensaje se están haciendo los preparativos para poner una piedra de granito en Israel, en el Monte Hatín, con la inscripción del establecimiento de la Iglesia por Cristo, junto con el mensaje de la Bandera de la Verdad, y el gran mandamiento de, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En el segundo avance divino, Dios nos ha permitido patrocinar la Palabra escrita en piedra en la “Tumba del Huerto” en Israel. Las inscripciones en estas tablas comunicarán la crucifixión, sepultura y resurrección de nuestro Señor y Salvador. Estas piedras ciertamente hablarán, ¡y hablarán claramente a todos los que escuchen!

Solamente Dios conoce el poder de Su mensaje inscrito en estas piedras. Únicamente Él verá las miles y miles de almas que pasarán junto a estas piedras cada año y verá cómo reaccionan al mensaje. Él escudriñará cada corazón y verá la reacción de ellos a Su Palabra. Los cristianos leerán el mensaje de la Tumba del Huerto y se regocijarán en la salvación de nuestro Dios que ya poseen, y serán inspirados a compartir el mensaje con otros.

Algunos pecadores leerán estas tablas y se irán, habiendo rechazado el mensaje del evangelio. Pero otros, sin duda, darán sus corazones a Cristo al leer Su Palabra y reflexionar sobre el Salvador crucificado y resucitado. Leer el mensaje del Monte Hatín del establecimiento de la Iglesia por Jesús inspirará a la gente a contactarse con nosotros para preguntar del mensaje de Cristo y Su Iglesia. Confiamos que muchos de ellos encontrarán el camino (y su lugar) al Cuerpo de Cristo.

Israel, cuya historia está llena de guerra y sangre, pronto sufrirá otra gran batalla llamada Armagedón, solamente a 25 millas (40 kilómetros) al occidente y sur de nuestro monumento en el Monte Hatín. Antes de esa batalla, gente de muchas razas y religiones leerán nuestra marca y serán recordadas del gran mandamiento de Dios que nos amemos unos a otros. Nuestra oración es que algunos de ellos acepten el amor de Dios y hagan planes para abandonar este mundo de guerra. Cualquiera que sea la reacción, estas piedras les hablarán a multitudes, llevándolos a Cristo y Su Iglesia. Tenemos el mensaje más grande de todo el mundo y la gente de todas las naciones necesita oírlo. Debemos sentirnos como Job, cuando desde su corazón él clamó, “¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se escribieran en un libro! ¡Que con cincel de hierro y con plomo Fuesen en piedra esculpidas para siempre! Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo” (Job 19:23-25).

¡Ruego que cada miembro de la Iglesia sea arrebatado por el mismo espíritu que vino sobre Job! Que nuestro deseo sea escribir el mensaje de nuestro Redentor en las piedras para un mensaje de 24 horas al día, 7 días a la semana para que el mundo lo lea. Dios ha prometido que si escribimos el mensaje, hablará, no tardará. La visión es para una hora concertada, y yo creo que nuestra generación es esa hora. Estimado pueblo santo, únanse a nosotros en oración y únanse a nosotros en el apoyo económico de esta gran obra. Todavía necesitamos casi $42,000 para completar el costo de estos Proyectos de la Asociación de la Marca de la Iglesia de la Profecía. Enero y febrero han sido designados como meses especiales para el recaudo de fondos para cubrir los gastos de estos monumentos. Estamos dependiendo de las ofrendas de las iglesias locales y las contribuciones personales. Quizás algunas iglesias locales, estados y naciones tengan fondos sobrantes que pudieran destinar a este gran esfuerzo. Cualquier cosa que usted pueda hacer será valorada y ciertamente Dios lo bendecirá a medida que ofrende. Asegúrese enviar sus fondos al Cuartel General independiente de las ofrendas comunes de la AMIP. Sus contribuciones deberán ser marcadas “Monte Hatín” para asegurar que sean apropiadas para estas marcas.

Aunque Dios va a usar estas marcas para hablarles a las multitudes, recordemos que la Palabra escrita en piedra tiene que ser sostenida por la Palabra escrita en nuestros corazones y vivida en nuestras vidas diarias. “Siendo manifiesto que sois letra de Cristo administrada de nosotros, escrita no con tinta, mas con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Co. 3:3).

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