Cortejos Centenarios en Guatemala

Por Hemeroteca PL

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Calles que han visto durante cuatro siglos el recorrido de nazarenos, dolorosas y yacentes. Nubes de incienso en olorosa ofrenda. Notas solemnes de marchas fúnebres. Timbales. Paso lento, pausado.

Estos son símbolos de más de tres siglos y medio de cuaresma guatemalteca. Las mismas calles han sido el escenario, desde Santiago de Los Caballeros hasta Guatemala de La Asunción, de procesiones de imágenes barrocas, inspiración de geniales escultores o artesanos. Tallas de más de 350 años de antigüedad —como Jesús de la Merced, el Yacente de Santo Domingo, Jesús de Candelaria o Jesús de Los Milagros— se dejan ver como lo han hecho por varios siglos.

Consideradas por los católicos como protectores del pueblo contra pestes, enfermedades, tribulaciones y hasta de conflictos bélicos, estas imágenes han soportado el devenir del tiempo y han sentido en sus ropajes y madera el embate silencioso del tiempo, la mirra, el sol o la lluvia.
Pero mucho ha cambiado la pompa procesional, y para eso hay que echar un vistazo a las crónicas de fray Francisco Ximénez o José Joaquín Pardo. Llaman la atención, por ejemplo, el Santo Entierro dominico o la procesión de La Reseña de Jesús de La Merced, protector contra la peste, la sequía y de la muerte del ganado.

Templo de los carpinteros

En el Santuario Arquidiocesano de San José, en la Nueva Guatemala de la Asunción, se conserva la talla barroca de Jesús Nazareno de los Milagros, cuya procesión, cada Domingo de Ramos, es una de las más solemnes de la Semana Mayor.

Después del traslado de la capital al Valle de la Ermita, el templo de San José fue construido al noreste y dio nombre a uno de los barrios. Según Miguel Álvarez, cronista de la ciudad, la iglesia fue construida a petición del gremio de carpinteros, en 1778, y bendecida el 25 de noviembre de 1783. De acuerdo con el doctor en ciencias sociales Aníbal Chajón, “la imagen del Nazareno fue hecha para la Ermita de la Cruz del Milagro, en Santiago de Guatemala, de donde deriva el nombre de Nazareno de los Milagros.

La imagen fue donada en 1731 para culto popular. Por los terremotos de 1773, fue trasladada a la Nueva Guatemala el 11 de febrero de 1781 y llevada al Beaterio de Indias, una casa de religiosas, donde permaneció hasta 1819, cuando, por problemas entre los cofrades y las monjas, fue “expulsada”. Como no había dónde dejarla, se le colocó en el Beaterio de Santa Rosa.


El Moreno de Candelaria

Todavía se debate sobre la autoría de la imagen de Jesús de Candelaria, aunque por tradición ha sido atribuida al fraile franciscano Juan De Aguirre, en 1563. Chajón refiere que es un nazareno del Valle de la Ermita; es decir, un nazareno capitalino. Ello, sin embargo, no le quita el mérito de ser catalogada como imagen barroca.

En 1677, Inocencio XI resuelve las diferencias entre las procesiones de La Merced y la Candelaria, al mencionar el cortejo de Jueves Santo, por su celebración desde hacía varias décadas.
En 1733, Jesús de Candelaria salió en procesión de rogativa, para pedir por el cese de la viruela. El 19 de febrero de 1784 fue trasladado a la Nueva Guatemala.
En 1820 se reorganizó la procesión de Jueves Santo, y el 3 de febrero de 1917 fue consagrado por fray Julián Jacinto y Riveiro.
Entre los rasgos de Jesús de Candelaria destacan las facciones mestizas. Además, los ojos son verdes, tallados en la madera, y sus medidas anatómicas no son perfectas. Es la única imagen nazarena de la Semana Santa que lleva la vista al frente y la cabeza vencida por el cansancio.
Es un nazareno tallado para la población indígena, abundante en el siglo XVI, como lo indica Chajón. Fue diseñado para conmover a los fieles, como imagen de vestir y para ser llevado en andas. De hecho, las andas de este y los demás nazarenos eran sumamente pequeñas, con el objetivo de ser apreciadas de cerca. Este concepto ha cambiado con el paso de los años, debido a la magnificencia y hasta competencia por presentar las andas más largas o exuberantes.
Del nazareno de Candelaria, “Señor Eucarístico del Jueves Santo”, destaca su extraña postura, que llega a la humillación, y la que ha sido fuente de inspiración de músicos y literatos, entre ellos el premio Nobel Miguel Ángel Asturias, para su célebre poema A Jesús de Candelaria, y del pianista Manuel Moraga, para la marcha Una lágrima, tema oficial de Jesús de Candelaria, aproximadamente desde 1929.
Un detalle singular es que la advocación de Cristo Rey le fue dada al nazareno de Candelaria durante la guerra mexicana de Los Cristeros (1926-29). Al grito de “¡Viva Cristo Rey!”, muchos dieron su vida en este conflicto.

Sus andas de Jueves Santo llevan en las esquinas cuatro pelícanos de plata, que simbolizan la entrega, el amor y la piedad. El adorno siempre alude al misterio eucarístico o la catequesis como transformación.


Protector contra las pestes

El historiador Miguel Álvarez, en su libro Jesús de la Merced, indica que entre las imágenes guatemaltecas más recurridas por terremotos, pestes de chapulín (langosta) o sequía figuraban La Virgen del Socorro, Jesús de Candelaria y especialmente Jesús de La Merced, esculpido por Mateo de Zúñiga, en 1664. Ante este, “el pueblo juró que sería patrón para el agua, el fuego, las pestes, los temblores y otras calamidades”.

Pocos días después de haber sido consagrado, en agosto de 1717, el Volcán de Fuego empezó a hacer erupción, y los pobladores de Panchoy sacaron en procesión de rogativa varias imágenes, entre estas el Nazareno de La Merced. Así, Jesús salió en procesión penitencial en 1724 y 1774, por las plagas de chapulín; en 1783, por los temblores de tierra; en 1789, por la peste que mató al ganado; y en 1801, por la peste de langosta en El Salvador. En 1856, Rafael Carrera le pidió que le ayudara a ganar la guerra contra los filibusteros y, para congraciarse, le concedió un grado militar. Según Álvarez, hasta hubo “jornadas militares” para pedirle la victoria.
El nazareno mercedario es la única imagen de la Semana Mayor que sale en procesión dos veces: el Martes Santo, en La Reseña —organizada desde el siglo XVIII—, y el Viernes Santo. La particularidad del cortejo del martes es que las andas no llevan adorno, porque cientos de fieles le lanzan ramos de flores y hasta buqués de novia.
El cortejo del Viernes Santo, que empieza a las 2.45 horas, también se celebraba desde la Colonia. Ese día, el Nazareno es decorado con una alegoría especial. Sus andas no son tan grandes como las de otras templos, debido a que cuenta con menos tiempo de recorrido. Entre los detalles del cortejo destacan el escudo de la orden mercedaria o de redención de cautivos, la cruz del nazareno con piedras preciosas y la posición diagonal de la imagen en las andas. Esta disposición refuerza el mensaje con el cual fue tallada la imagen: ser apreciada como fiel reflejo del Dios-hombre que sufre por la redención humana.

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Un comentario en “Cortejos Centenarios en Guatemala

  1. William: lo felicito por publicar estos historicos y muy interesantes datos de nuestras queridas Imagenes que pueden estar en libros o en archivos que uno ignora, pero que Ud. lo saque a la luz, es maravilloso, especialmente para los que estamos tan lejos de la Patria, mi familia y yo admiramos su trabajo y el de sus colaboradores, que El Señor les bendiga y adelante!!

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