Rezado de la Virgen del Rosario, Santo Domingo (Parte II)

Reportera y Publicacion Michel de Leon.

Rezado realizado el día domingo 3 de Octubre de 2010.

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Turno 5, en Acción de Gracias, 1era Comunión Mario Santizo, Dios te Bendiga e ilume el camino de tu vida, Gracias por permitirnos ser parte de esta gran alegria.

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  1. Octubre, el Mes del Rosario y sus inicios en Guatemala.

    La apacible y monástica ciudad de Guatemala que resurge en el Valle de la Ermita de la Virgen bajo el influjo neoclásico, abandonando los resabios del antiguo régimen, esta vez en su cuarto y definitivo asiento desde el 2 de enero de 1776, todos los días se amanecía con repiques de campana tocados a rebato, olor a pino y quema de cohetillos por la celebración del “santo del día” en alguno de sus templos, de ellos, el Día del Rosario que se conmemora el 7 de octubre de cada año, tenía un esplendor inusitado.

    Como toda fiesta de guardar, a doble cruz, al estilo de las grandes celebraciones romanas, la festividad del triunfo del Rosario contó con “vísperas” solemnes. Durante los nueve días previos al día mayor, se rezaban cuatro novenarios: El primero lo rezaban los artesanos a las cuatro de la mañana, antes de iniciar sus labores, el segundo novenario lo rezaban los comerciantes antes de abrir sus almacenes a las 8 de la mañana, el tercer ejercicio del novenario lo rezaban, a las diez de la mañana, las damas prominentes de la sociedad novoguatemalense y, el último novenario preparatorio, lo rezaba la servidumbre de las casas señoriales a las cinco de la tarde, hora en que ya habían cumplido con los quehaceres de la casa.

    Llegado el esperado 7 de octubre, las solemnidades iniciaban a las 3 de la madrugada con grandes fogarones conformados por piras ardientes en hatos de chiriviscos y numerosos vástagos de palo de ocote que ardían, iluminando las calles aledañas al templo, hasta la salida del Sol.

    La festividad del día se caracterizaba por la solemnidad del “Toque de Alba” y el rezo del Rosario de 15 Misterios a las 4 de la mañana.

    El fervor aumentó desde la firma del Concordato en 1852, firmado entre el gobierno de Guatemala y la Santa Sede, acontecimiento sin precedentes en Latino América, razón por la cual el gobierno honraba el protocolo enviando gran parte de la tropa de la guarnición central que se destacaba a marcha forzada hasta el atrio de la Iglesia dominicana, revestidos los elementos con uniforme de gran gala militar para asistir a la Santa Misa del medio día, la cual se celebraba en la puerta del templo con planta basilical, frente a la fachada, colocándose los soldados en batallones formados dentro de la plazoleta, haciendo honores a Cristo Rey, nuestro amo en la Eucaristía, siendo a la hora de la elevación la mayor manifestación, debido a que con más libertad se expresaba el contingente por encontrarse al aire libre, disparando salvas, conforme a la retórica militar que regía en el siglo XIX durante el gobierno del régimen conservador.
    También ese día, visitaba el templo el venerable gobierno municipal de la ciudad, en pleno, por mandato propio y derecho de patronato que ostenta la Virgen del Rosario sobre la corporación municipal desde 1651.

    Por la noche, para dar por finalizada la liturgia y concluir los actos, después de la reserva del Santísimo Sacramento y del canto de la Salve, a dos coros y en castellano, terminaba la solemnidad con la ya tradicional “Quema del diablo” frente al templo, entre luces de colores y otras pirotecnias apropiadas a la fiesta que se celebra, quedando el demonio simbólicamente vencido por el Rosario de María en presencia de la concurrencia numerosa que a toda hora había llegado al recinto religioso a visitar al Santísimo para ganar las indulgencias del Jubileo del Rosario a “Toties quoties”, después de lo cual se quedaban a tomar batido caliente en “jicaritas” de barro para pasar el frío de la temporada y a degustar platillos y dulces de la época, los cuales se exponían a la venta en los alrededores del templo. Había convivencia y socialización.

    A partir del 30 de junio de 1871, con el ingreso triunfal del ejército liberal insurgente, encabezado principalmente por el Licenciado Miguel García Granados y el Licenciado J. Rufino Barrios Auyón, después de lograr por la vía armada el derrocamiento del Presidente de Guatemala, Mariscal Vicente Cerna, se da por concluido el periodo denominado de la “Pax conservadora”, introduciéndose a partir de entonces, importantes reformas en la sociedad guatemalteca.

    De nuevo el credo liberal arremete en contra de la religión católica al restablecer la separación entre la Iglesia y el Estado, situación que propició el extrañamiento del Arzobispo Don Bernardo Piñol Aycinena, obligándolo a salir del país, entre protestas y severos pronunciamientos de los vecinos, en contra de lo actuado por el supremo gobierno liberal que había quedado de forma interina en poder de Barrios Auyón, en ausencia del Presidente Provisorio García Granados.

    Por medio del Decreto No. 64 de fecha 7 de junio de 1872 firmado por Barrios, las Órdenes Religiosas quedaron nuevamente extintas en Guatemala incluyéndose entre ellas la Orden de predicadores, siendo suprimidas simultáneamente y en consecuencia al referido decreto, todas las Cofradías y Hermandades masculinas y femeninas. Por segunda vez entró en vigencia la ley de libertad de cultos, puesta en práctica de forma contradictoria, por las acciones públicas contrarias y la malintencionada persecución a la Iglesia Católica y sus instituciones, lo que se evidenció al confiscársele sus bienes muebles y tesoros, sus conventos, casas y santuarios, los cuales fueron definidos como “Bienes de manos muertas”, surgiendo del despojo, una nueva clase social.
    En Guatemala, conforme a lo dispuesto por la suprema autoridad civil, toda ceremonia religiosa católica debía efectuarse en el interior de los templos, sin contar con sacerdotes que las presidieran, ante lo cual los vecinos mantuvieron firme y viva la llama de su fe católica, apoyándose en los laicos comprometidos y algunos religiosos, que sin ser consagrados, ni usar hábito o distintivo externo alguno, permanecieron al tanto y cuidado de los templos, cuyas sedes no fueron abandonadas del todo.

    Entre estos personajes se debe mencionar a Julián Raymundo Riveiro y Jacinto, que había llegado a Guatemala procedente de Cobán, Alta Verapaz, para incorporarse al servicio de la Iglesia eligiendo el Convento Menor dominicano, por haber sido educado y formado en la espiritualidad de los frailes guzmanes residentes en su ciudad natal.

    A los 23 años de edad, el joven Riveiro alcanza la Ordenación Sacerdotal, siendo consagrado Presbítero el 31 de marzo de 1877 sin encontrar oposición en el gobierno del presidente J. Rufino Barrios, quien además ve con beneplácito la investidura y nombramiento del nuevo sacerdote, siendo nombrado ese mismo año como Párroco del templo de Santo Domingo.

    Este dato pone en evidencia el favor del que gozaba la familia del nuevo ministro en los círculos políticos que ostentaban el poder en esa época, desvaneciéndose de esta forma, la dudosa atribución de algunos biógrafos del padre Riveiro que lo referían como un humilde barrendero y sirviente del presidente Barrios desde antes que este ejerciera el poder.

    Es de hacer notar que durante 37 años de su vida, el padre Riveiro se dedicaría al rescate y difusión de la devoción del Rosario.

    Durante uno de sus viajes a Europa, previo a su ordenación, observa que las festividades del Triunfo del Santísimo Rosario, en varias ciudades, se prolongaban por un mes, por lo que gestiona ante el Pontífice León XIII, defensor e impulsor del Rosario (Escribió 10 encíclicas dedicadas a esta devoción), para que se instituya la celebración mensual en la Iglesia de Santo Domingo de Guatemala.

    Con el nombre de Ejercicio piadoso de la devoción del Mes de Octubre o “Mes del Rosario”, con meditación propia para cada día, el padre Riveiro escribe la guía para ejercitarse después de la novena de la festividad, recibiéndose la autorización pontificia para el manuscrito, oficializándose en el mes de octubre del año 1888.

    No obstante lo anterior, el origen del Mes del Rosario, podemos citarlo con toda propiedad en la década anterior citada la citada, con base en la información que de primera mano obtenemos del manuscrito inédito “Liber Aureus” (Libro de Oro) fechado en 1906, redactado por un testigo de vista, el Fraile dominicano Miguel Fernández Concha, en afirma de forma irrefutable que “En el año de 1877, el mismo padre Riveiro comenzó a celebrar el mes de octubre dedicado a Ntra. Sra. Del Rosario, aumentándose la pompa de año en año”.

    La devoción del mes de octubre debió haberse extendido rápidamente de forma paralela desde ese mismo año llegando hasta las ciudades en donde ya existía Cofradía del Rosario canónicamente establecida, siendo estas la Iglesia del Espíritu Santo, Catedral de Quetzaltenango, la Catedral de Cobán, la Iglesia del convento de la Merced en La Antigua Guatemala y la Iglesia de San Juan Bautista, en Amatitlán.

    El restaurador y reformador de la devoción rosariana en Guatemala, fundó varias asociaciones en Santo Domingo, entre ellas las Asociaciones del Rosario Perpetuo, Asociación del Rosario Viviente , contando cada una con su canto triunfal, siendo escritos los versos del Himno del Rosario Perpetuo por el venerable Presbítero Federico Virto y las estrofas del Himno de las Guardias por el Lic. Juan Fermín y Aycinena. La música de ambas piezas fue escrita por el Maestro Alfonso Méndez.

    La forma en que se celebro el mes del Rosario desde 1877, descrita por el Padre Fernández Concha en el manuscrito de su autoría preparado para la conmemoración del primer centenario del templo de Santo Domingo (1808-1908), la podemos conocer, tomada de su manuscrito, escrita de su puño y letra, relatada de la forma siguiente:

    “Durante el mes de octubre dedicado a la virgen del Rosario, conforme a lo dispuesto por el mismo Padre Riveiro, su fundador, los dos primeros domingos le correspondían a la antiquísima Cofradía del Rosario, el tercer domingo le correspondía a los “Celadores” del Rosario Viviente, el cuarto domingo a las “Guardias” del Rosario Perpetuo.

    En cada domingo había procesión, abriendo la marcha la Cruz alta Parroquial y los ciriales. Le seguían en su orden, el Pabellón de la Iglesia llevado con solemnidad, el estandarte de Santa Imelda, el estandarte del Santo Entierro, el pabellón de la Hermandad del Rosario, el estandarte de la Milicia Angelical, el pabellón de Lepanto, el estandarte de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús, los tres pabellones de los Misterios Gozosos, Dolorosos y Gloriosos, cada uno con los estandartes de los 5 Misterios totalizando 15 insignias, el Pabellón del Rosario Viviente, el estandarte de Plata de la Cofradía del Rosario, el pabellón del Rosario Perpetuo, el estandarte de Plata de la Orden de Predicadores, el pabellón del Sagrado Corazón de Jesús, el pabellón de las Celadoras del Rosario Viviente, pasando en fila de dos en fondo los Jefes del Rosario Perpetuo, siguiéndoles, cargada en andas, una Imagen de la Virgen María, el Preste y un grupo de música.

    El 1º. de noviembre, día de la Festividad universal de Todos los Santos, se verificaba la conclusión del mes, después de la procesión y misa, se hacía un “Triunfo de la Sagrada Eucaristía” a los ecos de la marcha real “La Granadera” tocada bajo las bóvedas del templo, precedido de multitud de pabellones y bajo palio, el prior de la orden llevaba al Augusto Sacramento, formándole valla, vela en mano, los Jefes del Rosario Perpetuo, las Celadoras del Rosario Viviente y los Guardias del Rosario Perpetuo, quienes al compás del repique recorrían las naves del templo.

    Al llegar al Altar mayor todas las banderas y pabellones sus portadores las colocaban en el suelo de la nave central para formar una alfombra sobre la cual pasaba el celebrante, llevando en sus manos el riquísimo ostensorio con la Sagrada Forma, bendiciendo a los presentes que cantaban “La Salve”, previo al “Toque de muerto” que se hacía con la campana nombrada “Del Rosario”, fundida en 1747.

    A 133 años consecutivos, se continúa celebrando el Mes del Rosario en la casa matriz dominicana de Guatemala, actualmente Basílica menor de Nuestra Señora del Rosario.

    Profesor Juan Alberto Sandoval Aldana
    Escuela de Historia, Universidad de San Carlos de Guatemala.

  2. Lienciado Sandoval, muchas gracias por compartirnos la Hermosa Historia del mes del Rosario, No cabe duda que cada dia que pasa, tenemos mas para aprender y que nunca debemos dejamos de educarnos, Gracias por compartirnos la historia que es tan importante en nuestra vida, esperamos siga ayudandonos a instruirnos a todos los lectores de jesusenguatemala.com Dios le Bendiga, Michel de Leon

  3. pienso que deberia abrirse un segmento de historia para ir recabando datos importantisimos como este legado del Licenciado sandoval porque es bastante edificante recibir este tipo de obras que ya no es comun en nuestro tiempo.

  4. Ffelicitaciones a los miembros de la cofradía del rosario por su destacada labor en el adorno de las andas procesionales bien elaboradas y por el adorno de la basilica muy bonito porque representa la pureza de maría como madre de cristo de la iglesia y madre nuestra . gracias por bendecir a guatemala…

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