Por Lic. Miguel Alfredo Alvarez Arevalo
En 1839, J.L. Stephens, diplomático norteamericano, relató lo siguiente:
“Yo he visto grandes festividades en Europa, con dinero derramado a manos llenas; pero nunca nada tan sencillamente hermoso… ” “la sencillez de costumbres que permite a las damas de primera categoría mezclarse libremente con la muchedumbre y sentarse en las calles, formaban un cuadro de belleza que aún hoy suaviza la impresión de estolidez que Guatemala dejó grabado… En seguida el gran objetivo de veneración, la Virgen de la Concepción, sobre unas pequeñas andas, ricamente decoradas con oro y plata y con flores en profusión, protegidas por un hermoso palio de seda, sostenido en lo alto con cuatro doradas pértigas. Me fui a la plazuela de San Francisco, lugar señalado para el gran final de los honores de la virgen: ¡la exhibición de los fuegos artificiales.
Ya anochecía cuando la procesión entró al principio de la calle que conduce a la plaza. Fue aproximándose con un ruidoso canto, no viéndose a lo lejos más que una gran procesión de velas encendidas que alumbraba la calle como si fuera de día”.
Video:










VIVA LA REINA FRANCISCANA VIVA
! Que Viva !
Muy interesante la historia que presenta nuestro historiador, realmente muy buena en todos los bellos detalles!! las fotos de Nuestra Madre Inmaculada son buenisimas hasta con el emocionante cierre de los fuegos artificiales, que bueno que no se pierden esos detalles tan guatemaltecos!!!